Ávila, 5 de febrero de 2.005
IGNORANCIA SUPINA
Si usted está leyendo esta columna, seguramente también haya intentado ver el programa REDES, de TVE-2, no porque sean comparables, sino porque usted es un curioso sano que se atreve con todo, con la ventaja de que este periódico lo puede coger y dejar cuando quiera, mientras que aquel programa lo emiten a una hora determinada llamada intempestiva, que para muchos es ya una hora prohibida. Aunque ya lo sabia por otros caminos, confieso que no me he sentido mas ignorante, mas vacío de conocimientos científicos, que viendo ese programa con el que te quedas lelo, si eres capaz de intentar seguirle y enterarte de lo que dicen tantos científicos, envidiables por su saber hasta dejarte patidifuso. No intento repetir, ni siquiera rozar, aunque todas las propuestas son muy sustanciosas para ser comentadas, tantos temas del saber científico humano, porque tampoco sabría como hacerlo; y eso que solo es un programa televisivo, que como todos, no pueden profundizar en nada. ¡que hará esta gente en sus simposios, laboratorios, universidades, y que satisfacción poder aportar algo mas al conocimiento humano!
Te hablan del Universo y sus enigmas, y las distancias, los tiempos, y la materia que manejan te producen mareo, pues nuestro mundo, la Tierra, es como una caquita de mosca en la inmensidad, planteándote alguna vez preguntas sobre la creación y el origen de la vida y de todo lo que existe o pudiera existir en otros mundos. Pero si hablan del cerebro, de sus misterios y grandeza, de sus posibilidades y flaquezas, te quedas tonto; y que me dicen de los virus, de las bacterias, de las enfermedades; del ADN, del genoma humano, de los secretos de la vida; del mundo virtual y los cerebros electrónicos, que dicen algún día podrían dominarnos, porque sabrán mas que cualquier hombre, pues almacenaran tantos conocimientos, como ningún cerebro humano podrá tener jamás y que podrían autoprogramarse; sobre los principios de indeterminación o de probabilidad. Y así una infinitud de preguntas, de contestaciones, de misterios, de los temas mas peregrinos que ni siquiera sospechamos pudieran existir.
Y la Ciencia solo es una parte. Pero ¿Como estamos en otros saberes? ¿Cuantos libros hemos leído y de qué, diez, cien, cien mil? ¿Cuántos quedan pasados, presentes y futuros, sin que sepamos ni podamos saber jamás nada de sus autores ni de sus contenidos? ¿Qué sabemos de las Artes, mas o menos bellas, de la música, de la escultura, pintura, arquitectura, teatro, cine, literatura? ¿Qué sabemos de Historia, de Filosofía, de Teología? ¿Qué sabemos de la vida que no vemos? Y mas y mas cosas, teóricas y practicas ¿sabemos ordeñar una vaca?
La lista de los saberes seria interminable, sin hacer gradaciones intelectuales. ¿sabemos acaso algo de algo? Acaso si, dentro de nuestro microcosmos. Pero ¿de que tratamos normalmente, de fútbol, de sexo, de chascarrillos de personajillos revisteros y televisivos, de política, de poesía, del quehacer cotidiano? Pero ¿nos sirve para algo saber, poco o mucho? Resumiendo y como diría mi abuela: habiendo gente tan lista ¿Por qué el mundo es como es?
Alguien próximo me ha dicho que no creo en el ser humano y soy un pesimista, lo que niego rotundamente, ni han de serlo los jóvenes estudiantes que deben esforzarse en adquirir conocimientos. Propongo meditar sobre cierta canción religiosa, cantada en las iglesias católicas y que creen en Dios: “¿Que es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para darle poder?.” Que vale también para los agnósticos ¿que es el ser humano? ¿de donde sale su poder? ¿dónde esta su límite? Pensando en nuestra estupidez e ignorancia, todos tenemos alguna receta para seguir tirando sin complejos mientras vivimos. Yo tengo, perdón por citarme, estas: primero, una fe religiosa, menor de lo que quisiera, que aunque parezca paradójico me ilumina muchas cosas a las que no llega la ciencia, y donde la humanidad se llena de trascendencia y esperanza, y yo lo creo; en segundo lugar, aquel famoso aforismo socrático, “solo se que no se nada”, que consuela mi ignorancia. Y un tercer dicho, mas terrenal, que está escrito al lado de la puerta por donde paso todos los días, que tiene un origen castellano popular y recio, lleno de orgullo y de dignidad, que va como pintiparado para estos tiempos, que ensalza y humilla a la vez, y dice: ”nadie es mas que nadie”.
martes, 16 de octubre de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario